¡Que sois compañeros, coño!

Ante los disturbios en Cataluña, un recordatorio sobre la futilidad de la violencia callejera y cómo esta, de facto, ayuda al statu quo

El semanario catalán La Directa publicó, allá por 2011, un artículo (cuyo original está ahora desaparecido junto a la web original) donde se revelaba la hoja de ruta diseñada por el comisario de los Mossos d’Esquadra David Piqué (fallecido en 2016), para acabar con los y las manifestantes antisistema. Era un maravilloso ejemplo de cómo funciona la policía (en este caso los Mossos) por dentro, escrito por un sujeto que llegó a tildar de "ratas" a los manifestantes. El manual se hizo especialmente popular entre los activistas del 15M, porque fue expuesto en medio de aquella época convulsa, y explicaba muchas inconsistencias policiales observadas durante años por multitud de activistas de todo tipo.

Piqué, en su proyecto final de máster en Políticas Públicas de Seguridad de la UOC (al que La Directa tuvo acceso), expuso su plan para acabar con el activismo... con métodos ilegales y bajo una perspectiva de "guerra" (en lo que sería un claro delito de prevaricación).

El manual desapareció 48 horas después de que La Directa lo destapase. Inaccesible sin autorización.

Afortunadamente la magia de Internet salvó aquel trabajo, que aun nos enseña mucho sobre sucesos como los de los últimos días en Barcelona:

EXTRACTOS

pág. 28-29

"Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas unos días antes para calentar el ambiente. También se pueden hacer "redadas" preventivas a los lugares donde se encuentran habitualmente personas cercanas a la ideología de los convocantes con la excusa de buscar drogas o lo que sea necesario.

La ’’redada’’ estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario. La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una "batalla campal".

Además de la estrategia previa, en cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables. Es entonces cuando se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasorias, no se disimula. Se va directamente contra los manifestantes, que ya son considerados vándalos, y se les ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico.

En este estadio, los manifestantes atacan a la policía con todo lo que tienen y que les ha dejado tener, realmente se están defendiendo, pero no lo parece. Han sido acorralados. La violencia entre agentes y manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola.

Es lo que se quiere. Comienzarán a aparecer víctimas inocentes - daños colaterales se dice ahora-. Los que han rehuido el enfrentamiento, se encuentran con el resto de unidades policiales que les cierran el paso y que no hacen detenidos - prisioneros -, la dispersión no es voluntaria , es a golpe de defensa (porra) y cualquier atisbo de resistencia es contestada con contundencia exagerada y detenciones masivas.

En las batallas de la antigüedad, era cuando se envía a la caballería a perseguir a los que huían mientras la infantería extermina a los que se han rendido en el campo de batalla."

pág. 25-26

Los grupos antisistema en general, saben que, por diferentes motivos, sus acciones tienen más repercusión social y mediática si se desarrollan en ciertos espacios. Por contra, estos espacios - los más abiertos - son los más desfavorables (para los antisistema) desde el punto de vista de táctica policial. Nos referimos a l’Eixample, parte de Sants o cualquier terreno abierto que permita una rápida movilidad de los efectivos policiales. En la teoría militar clásica, sería la capacidad de movilizar por los flancos la caballería o unidades de infantería ligera.

[...]

En estas situaciones el sentimiento de frustración e impotencia de los manifestantes es muy alto y a menudo generan reacciones violentas de algunos individuos cuando son conscientes que han perdido toda capacidad de iniciativa. Estos momentos son delicados y es necesario que los agentes de primera línea eviten las provocaciones individuales o los intentos colectivos de romper el círculo.

Pensemos que los policías están a menos de un metro de los rodeados. El objetivo no es hacer detenciones, solo inmovilizar. La sensación de derrota entre los manifestantes, es muy alta y moral queda muy "tocada". No ha habido heridos - no tienen mártires - ni tampoco detenidos - héroes -. Incluso han intentado, sin éxito, denunciar a la policía por detención ilegal o violar el derecho de circulación. Si se planifica correctamente, la fiscalía ha de estar avisada de la aplicación de esta táctica para evitar estas denuncias.

pág. 32

Las unidades policiales especializadas en órden público comienzan a ser menos permisivas con las manifestaciones y concentraciones, que seguramente se producirán mientras dura el debate político. De todas formas, si el número de manifestantes fuera excesivo, quizás se podría aprovechar para dejar que durante el recorrido, se produzcan suficientes actos vandálicos como para intensificar el debate sobre el comportamiento antisocial del movimiento antisistema y permitir que la opinión pública vincule estos colectivos al fenómeno okupa.

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